¿Qué está pasando?

En 2020 fue difícil negarse a opinar frente a acontecimientos de abuso de fuerza policiva, que no hicieron más que evidenciar algunas realidades denunciadas por años, pero calladas con noticias ligth y la indiferencia de una sociedad egoísta y sin memoria.

Nuestra #ColombiaEnAlertaRoja hace más de 60 años, y aunque en 2020 hubieron muchas lecturas de los sucesos, las motivaciones y los resultados, algunos moralistas otros extremistas, siempre considero que la visión debe ser desde un enfoque de derechos. El caso de Javier Ordoñez fue la gota que robosó la copa, abogado colombiano de aproximadamente 30 años que según testimonios de amigos presentes y de acuerdo a imágenes de los videos que circularon por redes sociales, fue brutalmente agredido por policías hasta su muerte.

¿Pero qué sucedió en 2021? ¿Acaso Javier Ordoñez o Dilan Cruz son casos únicos en la historia colombiana que motivaron tal descontento?

Para el pueblo y múltiples sectores volvió a rebozar la copa y esta vez con mucha contundencia, precisamente la noticia de una Reforma Tributaria que fue pensada para aplicarse a un contexto muy distante a una Colombia con una problemática económica gigantesca a raíz de la pandemia por COVID-19 y las diferentes medidas regresivas de los gobiernos. Justamente, pocas semanas antes de anunciar la Reforma se había conocido que el 40% de la población en Colombia era más pobre debido a la crisis económica en el marco de la pandemia, y se cruza esta situación con una convocatoria anunciada mucho atrás de Paro Nacional a realizarse el 28 de abril.

El acontecimiento motivó la movilización masiva de miles de personas en todo el territorio nacional y la resistencia de los-as manifestantes logró que el Ministro de Hacienda Renuncie y la Reforma no vaya más, por lo menos, en esos términos. Sin embargo, los días de paro y resistencia se convirtieron poco a poco en una noche horrible y oscura, la policía fue autorizada continuamente para usar la fuerza y supuestamente "retornar el orden público" a las ciudades, pero lo que se ha vivido por más de 40 días ha sido un uso excesivo de la fuerza, asesinatos, violaciones de derechos humanos, lesiones, abusos sexuales, detenciones arbitrarias, la infiltración de miembros de la policía como civiles en movilizaciones generando disturbios y la articulación frentera con organizaciones civiles armadas en ciudades que les ha permitido no solo asesinar a ciudadanos-as manifestantes, sino negar las violaciones a derechos humanos, a pesar de las pruebas feacientes de los sucesos.

¡Las redes sociales lo destaparon todo! lo que antes las fuerzas armadas ocultaban en los campos debido a las brechas digitales tan complejas que impiden a la ciudadanía evidenciar y publicar lo que viven en las zonas dispersas, el acceso a internet y las nuevas tecnologías en las urbes han mostrado la otra cara de la moneda...

Además, del horror que vivimos en las calles de las ciudades, las redes sociales han develado a ciudadanos-as que no solamente callan sino a ciudadanos-as que apoyan la comisión de delitos a tal punto que se puede notar posturas facistas, racistas, discriminatorias y violentas hacia los-as conciudadanos; una serie de estigmas que surgen por las posturas de la sociedad y su posición de privilegio, que finalmente tienen al país dividido en miles de pedazos.




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